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Defender los derechos humanos durante la pandemia: Impacto del Covid-19 en las personas defensoras de derechos humanos y su trabajo

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Resumen ejecutivo

A principios de 2020, cuando el Covid-19 asoló el mundo, se difundió la esperanza de que los gobiernos responderían a esta crisis sanitaria mundial fomentando la unión y la solidaridad, protegiendo a los grupos más vulnerables de sus sociedades respectivas y entablando un diálogo significativo con la sociedad civil independiente para abrir el camino hacia un futuro más pacífico, justo e inclusivo. Sin embargo, la crisis del Covid-19 no ha hecho más que agravar las dificultades ya existentes a las que se enfrentan las personas defensoras de los derechos humanos, a la vez que ha creado nuevos retos. La crisis sanitaria mundial ha paralizado en muchos sentidos el movimiento de derechos humanos y lo ha privado de gran parte de sus herramientas de supervisión y comprobación de los hechos. Ha provocado asimismo un colapso prácticamente universal de los sistemas de protección, tanto a nivel nacional como internacional. Esta situación no solo ha generado un aumento de los abusos graves de los derechos humanos, sino también un considerable incremento de los ataques contra las personas defensoras. Además, en muchos países del mundo, los gobiernos han utilizado la pandemia de Covid-19 como un pretexto para imponer restricciones sin precedentes al espacio cívico y silenciar aún más las voces críticas.

En este contexto totalmente imprevisible desencadenado por la propagación del Covid-19, han sido numerosos los gobiernos que han realizado más esfuerzos a la hora de protegerse de las críticas que para tratar de informar, empoderar y escuchar a las comunidades. Esto ha provocado un aumento de los ataques contra las personas defensoras de los derechos humanos –e incluso contra periodistas– que transmitían información sobre la mala gestión de la crisis, o que simplemente continuaban realizando su trabajo de derechos humanos en línea y sobre el terreno. Por otra parte, la pandemia ha agravado las desigualdades preexistentes y el impacto de la discriminación contra las personas defensoras de los derechos humanos en todas las sociedades: en muchos lugares, las personas defensoras de los derechos humanos encarceladas continuaron recluidas en prisiones insalubres mientras que se puso en libertad a otros/as presos/as; las personas defensoras de las comunidades indígenas aisladas y otras personas defensoras que ya se encontraban en peligro, como quienes defienden la tierra y el medio ambiente, sufrieron aún más ataques –especialmente en situaciones de aislamiento provocados por los confinamientos y toques de queda o en represalia por su activismo en línea– y las defensoras de los derechos humanos y activistas LGBTQI+ también se enfrentaron a un aumento de la violencia y la discriminación por razón de género. En muchas partes del mundo, se produjo una instrumentalización de las medidas preventivas relacionadas con el Covid-19 de forma más general con el fin de restringir el derecho a la libertad de reunión más allá de lo permitido por el derecho internacional, y a menudo la policía reprimió protestas y concentraciones pacíficas mediante un uso excesivo de la fuerza.

El presente informe pretende exponer el modo en que se deterioró la situación de las personas defensoras de los derechos humanos en relación directa con el contexto del Covid-19, así como formular recomendaciones a los actores estatales y no estatales sobre la manera de restaurar y velar por la existencia de un espacio cívico, proteger a las personas defensoras de los derechos humanos, proporcionar un entorno más propicio para su trabajo y evitar que se produzcan violaciones similares en caso de que se ocurran futuras pandemias o crisis mundiales.