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La Declaración de Los Ángeles podría representar un gran paso para la cooperación migratoria real en las Américas

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Por Andrew Selee

La Declaración de Los Ángeles sobre Migración y Protección, firmada por los líderes de los países del hemisferio occidental al concluirse la Cumbre de las Américas de esta semana, compromete a sus gobiernos a ampliar las vías legales de migración, apoyar la integración de los inmigrantes, invertir en la gestión de la migración y coordinar las respuestas a los movimientos migratorios masivos y las crisis de desplazamiento. Aunque el acuerdo no es vinculante, supone un importante paso progresivo en la creación de un lenguaje común y un coherente conjunto de ideas para gestionar, de forma cooperativa, los flujos migratorios en las Américas, una región que ha sido testigo de una gran movilidad en años recientes.

Los países de Latinoamérica y el Caribe tienen una larga historia de cooperación en respecto a la migración y protección. Esta historia incluye varios acuerdos que permiten a las personas la movilidad dentro de subregiones específicas (incluyendo Mercosur, la Comunidad Andina, CARICOM y un grupo de países de Centroamérica). Además, han habido intentos de sincronizar las normas de protección humanitaria, a través de la Declaración de Cartagena de 1984 y más recientemente, el Proceso de Quito de 2018, cual ha ayudado a los gobiernos a coordinar su respuesta a la crisis de desplazamiento de Venezuela. Sin embargo, ninguno de estos acuerdos ha incluido a un grupo de países de alcance hemisférico como lo hace la Declaración de Los Ángeles y quizás aún más significativo, hasta ahora ninguno ha involucrado tan directamente a los Estados Unidos y Canadá.

La Declaración de Los Ángeles fue firmada el 10 de junio por los siguientes 20 países: Argentina, Barbados, Belice, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Haití, Honduras, Jamaica, México, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay. Guyana también firmó más tarde.

La Declaración de Los Ángeles da fruto a causa de que por primera vez en la historia moderna, casi todos los países de las Américas son países con importantes poblaciones de migrantes y refugiados. Hace apenas unos años, los Estados Unidos y Canadá eran los principales destinos de la mayoría de los migrantes de Latinoamérica y el Caribe, mientras que la mayoría del resto de países en la región tenían un número significativo de emigrantes. Antes, cuando se reunían comunidades de las Américas para hablar sobre migración, casi siempre era una conversación entre las sociedades de inmigración y de emigración. Evidentemente, siempre ha habido migración entre los países de la región, pero nada a la escala de lo visto hoy en día.

Desde el 2014, 6 millones de venezolanos han emigrado de Venezuela, y más de 5 millones se han asentado en otros países de Las Américas: con el mayor número en Sudamérica y números significativos en el Caribe, Centroamérica y México. Desde del catastrófico terremoto del 2010 y la actual crisis política y económica, cientos de miles de haitianos han abandonado sus hogares y emigrado no sólo a destinos tradicionales como la República Dominicana, los Estados Unidos y Canadá, sino también hacia otros países del Caribe y Latinoamérica. En las regiones norte de Centroamérica, las personas se han ido en números enormes, principalmente a los Estados Unidos, con cientos de miles de personas yendo a Costa Rica y México. De hecho, son pocos los países de la región que no han recibido un gran número de migrantes y personas desplazadas, y muchos se han convertido también en países de tránsito para aquellos que se dirigen a otros lugares.

Hoy en día, cuando los países de las Américas discuten sobre la migración, se trata de un diálogo sobre los retos compartidos en la gestión de los grandes flujos migratorios que afectan a casi todos los países de la región, desde el extremo sur de Chile hacia el norte hasta Canadá de forma sorprendentemente similar.

Es significativo que la Declaración de Los Ángeles haya sido propuesta por los Estados Unidos, un país que generalmente ha sido el más remiso a discutir la cooperación internacional en torno a la gestión y las políticas de inmigración. Es un reconocimiento a la gravedad de los flujos migratorios como un desafío que no se puede manejar individualmente por los países más grandes de la región, sino que se debe manejar como un desafío que impacta a todos en la región y tal cual, incluir la cooperación de todos. Los objetivos propuestos en la Declaración de Los Ángeles emulan las ideas que han sido discutidas regionalmente por años. La declaración cobró impulso en reuniones preliminares entre los ministros de relaciones exteriores en Bogotá, Colombia y la Ciudad de Panamá, y varios países importantes de la región ayudaron a aportar las ideas centrales en el documento final que establece un conjunto de cuatro compromisos para el futuro.

Primero, los países acordaron intentar estabilizar los flujos migratorios, invirtiendo en las causas fundamentales que causan a las personas abandonar sus países y apoyando a los países que ya han recibido grandes poblaciones de migrantes y refugiados. Cuando sea posible, tiene sentido ofrecer a la gente alternativas a la migración, para reducir las presiones migratorias, aunque es probable que algunos de estos esfuerzos tarden mucho en tener éxito. Y apoyar a los países que ya acogidan a grandes poblaciones de migrantes y refugiados como Costa Rica, Colombia, Ecuador, Perú, Chile, Belice, la República Dominicana y Trinidad y Tobago, les ayudará a integrar a los recién llegados con éxito en sus sociedades, lo que ayudará a estos países a prosperar y a la vez a prevenir más migraciones. Dentro de un compromiso anunciado en la declaración, el gobierno de los Estados Unidos presentó varias opciones nuevas de financiación del desarrollo dirigido a apoyar a estos países de acogida, un paso importante para ayudar a estos países a triunfar.

Segundo, los países acordaron ampliar las vías legales de movilidad como alternativa a la migración irregular. Cada vez hay más pruebas que demuestran que las vías legales pueden disuadir la migración irregular al canalizar a aquellas personas que quieren migrar hacia opciones más seguras y sostenibles, algo que las estrategias exclusivamente de disuasión no han logrado. La declaración pide que se amplíen las vías laborales temporales, que se busquen opciones para la reunificación familiar y que se aumenten los esfuerzos para proporcionar protección humanitaria. Aunque cada país tendrá que decidir qué hacer en el marco de su propia legislación nacional y en relación con sus propias prioridades, el compromiso de ampliar los canales legales de movilidad durante un momento de niveles elevados de migración irregular y desplazamiento en las Américas es una dirección positiva. En la cumbre, el gobierno de los Estados Unidos anunció importantes formas de ampliar las vías laborales para los centroamericanos. Otros países, como Canadá, México y España, también lo hicieron, un tema que se abordó en un reciente informe y seminario web del Migration Policy Institute.

Tercero, los países acordaron mejorar sus capacidades individuales de gestión migratoria y aumentar el intercambio de información y la coordinación a través de las fronteras para hacer frente a las redes de tráfico ilícito, luchar contra la trata de personas, respetar la dignidad de migrantes que son deportados y evitar deportar a quienes tienen solicitudes válidas de protección. Hasta hace poco, la mayoría de los países de la región tenían pocas razones para invertir en sus instituciones de migración, ya que había comparativamente poco movimiento hacia la mayoría de los países, pero eso ha cambiado rápidamente en los últimos cinco o seis años. Y todavía se puede hacer mucho para crear comunicación y cooperación en la gestión de los procesos migratorios básicos a través de las fronteras, especialmente entre países vecinos.

Por último, los países acordaron producir un sistema de alerta preventivo para avisarse mutuamente de grandes flujos transfronterizos, como la crisis de los desplazados venezolanos o la migración de ciudadanos cubanos que se está produciendo actualmente. En la actualidad, no existe una forma sistemática de compartir esta información ni de coordinar las respuestas entre varios países, por lo que esto suele suceder bajo medidas ad hoc que no alcanzan para enfrentar el desafío.

Por supuesto, es difícil saber cómo se aplicará en la práctica el acuerdo de Los Ángeles. Como muchas otras declaraciones internacionales, crea un conjunto de propuestas compartidas que los gobiernos acuerdan que les gustaría llevar a cabo, pero deja los detalles concretos a las negociaciones posteriores. Sin embargo, este acuerdo es único para las Américas porque es el primer intento de crear un conjunto de ideas comunes sobre una de las principales preocupaciones políticas en muchos países, pero que, hasta ahora, nunca había generado una conversación hemisférica. Y los primeros compromisos de los gobiernos para producir resultados específicos pueden impulsar más acciones factibles en los próximos meses para así dar forma a los compromisos no vinculantes establecidos en el acuerdo.

La Declaración de Los Ángeles tendrá éxito si es la primera, y no la última, palabra sobre la cooperación en relación a la migración en las Américas, y la chispa para los esfuerzos que están por venir.

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