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Evento paralelo “La necesidad de los derechos humanos para el multilateralismo de las vacunas”

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47º período de sesiones del Consejo de Derechos Humanos Declaración de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet

Excelencias,
Colegas,

Me complace poder dirigirme a vosotros hoy. Agradezco a la Misión de Singapur y al Grupo de Derechos Universales la convocatoria de este evento importante.

En los últimos 18 meses nos hemos enfrentado a un desafío extraordinario. En pocas ocasiones el mundo ha afrontado una avalancha igual de retrocesos y amenazas de prácticamente todos los derechos.

A finales de junio, se habían confirmado más de 181 millones de casos de COVID-19 en el mundo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), con más de 3,9 millones de fallecimientos.

La pandemia, al igual que un tsunami que sigue a un terremoto, ha generado una crisis socioeconómica devastadora, con consecuencias duraderas y de gran alcance.

Esta situación nos plantea pruebas sin precedentes, que requieren de nuestra máxima atención. A menudo se dice que las personas “viven y aprenden”, aunque la COVID nos ha hecho aprender a vivir.

En cierta medida, hemos superado este reto. El ritmo al que hemos adquirido conocimientos científicos es extraordinario, y las vidas salvadas gracias a este aprendizaje son incalculables.

Sin embargo, también debemos aprender de las lecciones que la pandemia nos ha enseñado para garantizar nuestra supervivencia, y para recuperarnos mejor. La principal de ellas es el coste terrible de desatender los derechos humanos.
Pero aún nos mostramos reacios a aplicar este aprendizaje a la tarea más urgente que tenemos ahora por delante: facilitar la disponibilidad de las vacunas en todo el mundo.

El acceso y la distribución universales y equitativos de las vacunas son probablemente los factores más determinantes a la hora de saber si podemos controlar la pandemia y con qué rapidez.

El caso de la vacunación mundial es indiscutible. Los mantras “todos estamos juntos en esto” y “nadie está a salvo hasta que todos lo estemos” tienen una base científica. Las formas mutantes del virus que pueden aparecer entre las poblaciones mayormente sin vacunar suponen una amenaza para todos.

Las consecuencias económicas de la falta de vacunación son profundas y, en algunos países, ya se observan los grandes beneficios que puede aportar una vacunación generalizada.

Pero como he dicho, nos estamos alejando, en vez de aceptar este aprendizaje y unirnos en solidaridad.

Hoy la gran injusticia del acceso desigual a las vacunas, unida a la falta subyacente de inversión en protecciones basadas en derechos humanos, está impulsando el panorama creciente de recuperaciones muy divergentes.

He aquí un ejemplo que ilustra la situación. El pasado mayo, los países del G7 vacunaron a su población con una media de 4,6 millones de personas al día, lo que podría conllevar la vacunación completa para principios de 2022. Por el contrario, la media de los países de ingreso bajo era de 63.000 por día, lo que supone que la vacunación completa llevaría cinco décadas.

Esto es un punto de inflexión: una oportunidad única en la vida de alejarnos de modelos que han generado desigualdades y fragilidad, y de dirigir nuestro mundo hacia un futuro más inclusivo. Y deberíamos abrir esta puerta con el multilateralismo de las vacunas.

Colegas,

Como he mencionado tantas veces, las vacunas contra la COVID-19 deben considerarse un bien público mundial.

Resolver el reto de las vacunas precisa de la solidaridad mundial y de actuaciones más urgentes y completas en los diversos frentes.

Con un espíritu de cooperación, los Estados deberían respaldar iniciativas para garantizar la distribución universal y equitativa de las vacunas, tales como la instalación COVAX, que necesita más recursos con urgencia. El intento de esta instalación de proporcionar un acceso equitativo a las vacunas a todos los países se ha visto comprometido por los retrasos derivados de la producción y entrega a los países más ricos. Los fabricantes deberían priorizar el suministro a COVAX y el exceso de dosis debería compartirse con la instalación.

La producción existente debe ampliarse por todos los medios. Los Estados han iniciado acciones de emergencia para desviar los recursos destinados a reforzar la fabricación de las vacunas, así como de las pruebas, el equipo de protección, los tratamientos y el oxígeno. Esa misma intensidad en los países productores debe proseguir hasta que existan los suministros adecuados a escala mundial. La emergencia todavía sigue aquí.

Asimismo, tenemos que eliminar todos los demás obstáculos para garantizar que las vacunas y los tratamientos lleguen a todas las personas, incluso los procesos de autorización que son excesivamente complejos y restrictivos. Me complace haber visto las medidas hacia la exención relativa a los ADPIC apoyada por el Dr. Tedros y muchos países, y espero con interés los futuros debates sobre esta iniciativa en el próximo periodo de sesiones de la OMC. Este paso no resolverá todo, pero tenemos que explorar todas las opciones.

Sin duda, llevará tiempo acordar y aplicar algunos de estos cambios. Pero necesitamos evitar tener una actitud corta de miras. Juntos, los esfuerzos combinados por compartir mejor la tecnología y los conocimientos especializados marcarán una diferencia crucial. Necesitamos aprender a vivir. ¿No va siendo hora de comprender que esta pandemia está muy lejos de su conclusión, y que sin duda no será la última a las que nos enfrentemos?

Excelencias,

Los últimos 18 meses nos han demostrado los costes insoportables que conllevan las grandes desigualdades y las deficiencias en derechos humanos. Pero también han demostrado de una vez por todas que los derechos humanos nos dan mayor seguridad y mayor fuerza.

En realidad, es la única vacuna disponible contra la pandemia paralela e inaceptable de desigualdades y discriminación que la COVID-19 ha dejado al descubierto. Otra vacuna a la que debemos garantizar un acceso equitativo para todos y en todas partes.

Gracias.