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La movilidad humana derivada de desastres y el cambio climático en Centroamérica

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Guatemala
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IOM
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RESUMEN Y MENSAJES CLAVE

La movilidad humana asociada a, o derivada de los desastres y efectos adversos del cambio climático viene recibiendo un interés importante en los últimos años en Centroamérica.
Este informe contribuye a un mayor conocimiento de la evidencia sobre la vinculación entre movilidad humana, medio ambiente, desastres y cambio climático mediante un mapeo realizado sobre Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá. El estudio tiene también como objetivos: verificar las respuestas políticas y legales sobre este nexo en los siete países de Centroamérica; formular recomendaciones o lineamientos generales para el desarrollo de mecanismos de cosecha de datos; y verificar en qué medida la definición de migración climática propuesta por la OIM se aplica en la región. Esta investigación es parte de la colaboración de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) con la Secretaría General del Sistema de la Integración Centroamericana, otras instituciones regionales y socios, en el proceso de apoyo e implementación del Plan de Acción para la Atención Integral de la Migración en la Región (PAIM-SICA).1 Esta sección condensa los hallazgos más relevantes de la revisión de literatura y las fuentes secundarias del informe.
Evidencia y análisis disponibles La base de datos bibliográficos elaborada para fundamentar este estudio se compone de 228 documentos que abordan la vinculación entre movilidad humana, desastres y cambio climático en Centroamérica, y que incluyen investigación científica (artículos, libros, tesis de maestría y de doctorado y trabajos de conclusión de curso de graduación), literatura gris (informes de organizaciones internacionales, regionales y nacionales, gubernamentales y no gubernamentales) y otras publicaciones y documentos (materiales de prensa, etc.). Esta base de datos permite identificar que: i) los eventos de sequías, huracanes e inundaciones, que se pueden relacionar con el cambio climático, son las amenazas más referenciadas;

ii) los países del norte de Centroamérica y el Corredor Seco2 aparecen como zonas especialmente afectadas por la sequía, que es la amenaza más mencionada; iii) la variación del régimen de lluvias es un evento recurrente que afecta la movilidad humana en la región centroamericana.
Los países con mayor cantidad de estudios sobre el tema en los documentos investigados son Guatemala y Honduras, y los menos referenciados son Belice y Panamá. En los estudios analizados, Belice, Costa Rica y Panamá sufren del aumento del nivel del mar y la erosión costera, entre otras amenazas. Costa Rica se encuentra entre dos placas tectónicas altamente activas, lo que le hace propenso a constantes temblores y terremotos, además de las temporadas de lluvias e inundaciones. Guatemala registra antecedentes de erupciones volcánicas y se mencionan los terremotos en El Salvador y Guatemala.
Las inundaciones y deslizamientos son recurrentes en ciertas regiones de El Salvador,
Guatemala y Honduras, así como en otras regiones de los mismos países se producen episodios de sequía prolongada.
Las poblaciones que dependen de los recursos naturales en sus modos de vida, como las poblaciones indígenas, las comunidades pesqueras y pequeños agricultores, a menudo aparecen en la literatura como las más afectadas por estas amenazas y expuestas a riesgos de movilidad forzada. Sus labores se practican en zonas geográficas de los países, cuyos contextos físico y natural (características geológicas, climáticas, de posición, acceso a recursos naturales como fuentes hídricas, etc.) las torna más expuestas a amenazas naturales y por lo tanto más propensas a sufrir las consecuencias de los desastres. Además, grupos que se encuentran en situación vulnerable social y económicamente, como mujeres, niños y adolescentes, también se ven desproporcionadamente afectados.
Persisten aspectos de la relación entre movilidad humana, desastres y cambio climático que todavía no han sido adecuadamente explorados en la bibliografía y en estudios empíricos en la región, como pueden ser la situación de las comunidades atrapadas en situaciones de riesgo y sin posibilidad de moverse, el enfoque sobre la migración como estrategia de adaptación al cambio climático y los impactos de la migración en el ambiente y las comunidades, además de la situación de especial vulnerabilidad de los pueblos indígenas a los cambios en el ambiente y el desplazamiento, considerando su fuerte presencia en la región. En este sentido, es necesario seguir apoyando y desarrollando una agenda de investigación, especialmente a través de estudios empíricos, sobre el fenómeno en Centroamérica.
Amenazas ambientales y su relación con la movilidad humana en Centroamérica Los estudios de casos encontrados en la región sobre la vinculación entre la movilidad humana y diversas amenazas ambientales certifican que Centroamérica es una región con una alta exposición a la ocurrencia de eventos relacionados tanto con el cambio climático (hidrometeorológicos) como con factores geofísicos. Esto también es corroborado por el Inform Report 2020, que registra el nivel de riesgo de crisis humanitarias y desastres, y que contempla a seis de los siete países de la región entre los niveles medio y alto.
Estos eventos tienen el potencial de generar grandes desastres y desencadenar diversos e importantes flujos de movilidad humana como el desplazamiento, la migración y la reubicación planificada. Entre las amenazas más recurrentes aparecen las sequías, los huracanes, las inundaciones y deslizamientos, el aumento del nivel del mar, la deforestación, terremotos y erupciones volcánicas, entre otros. La exacerbación de los impactos del cambio climático sobre algunas de estas amenazas delinea un escenario futuro posible de intensificación de flujos migratorios en la región.
Un factor fundamental que agrava la exposición a estos riesgos es la situación de vulnerabilidad previa en la que se encuentran individuos y poblaciones, especialmente en zonas rurales, cuyas actividades de subsistencia se verán directamente impactadas por el cambio climático. Factores como la pobreza, la violencia, la inseguridad alimentaria, un soporte gubernamental limitado, la falta de planificación territorial y acceso a tierras, entre otros, concurren con los factores ambientales de forma sistémica interactuando y generando escenarios multifactoriales, en los que individuos y poblaciones toman la decisión de migrar. Así, conforme se evidencia en los casos encontrados, no es posible desvincular el factor ambiental de los otros factores concurrentes. Esto implica que las políticas de acción para el enfrentamiento a las amenazas en la región deben tener un abordaje integral, sistémico y basado en la gestión del riesgo.
Según la evidencia disponible, los procesos graduales relacionados con el cambio climático, como la sequía y la elevación del nivel mar, vienen generando flujos de movilidad humana expulsando individuos y poblaciones de forma regular, sobre todo desde las zonas rurales.
Pese a la considerable cantidad de evidencia sobre el vínculo entre estos factores climáticos y la movilidad humana, se advierte una limitada acción gubernamental en el enfrentamiento a este fenómeno. En este escenario, los individuos encaran la migración como una estrategia de adaptación, que puede iniciarse a través de la migración estacional o circular (con el objetivo de generar recursos) – en principio inicialmente dentro de los países, entre las zonas rurales y las ciudades – o incluso de supervivencia en los casos más críticos. El caso de reubicación planificada de la comunidad de Guna Yala, en Panamá, debido entre otros a la elevación del nivel del mar, constituye un ejemplo importante sobre la inminencia de estas amenazas y la necesidad de acción gubernamental para enfrentar estos escenarios a través de políticas primordialmente preventivas.
Los eventos de inicio rápido o repentino, como huracanes, terremotos, inundaciones y deslizamientos, generan dinámicas de movilidad que incluyen el desplazamiento forzado, la reubicación planificada y a medio o largo plazo la migración. En estos eventos, los casos examinados evidencian la extrema importancia de los sistemas de Reducción de Riesgo de Desastres (RRD) para responder de forma efectiva a las amenazas. Acciones inadecuadas o improvisadas de atención a los desastres pueden exacerbar situaciones de vulnerabilidad de las personas afectadas por estos eventos. En relación con la reubicación planificada, diversos casos evidencian la necesidad de desarrollar estos procesos de forma holística, considerando e incluyendo en su planeamiento tanto a las poblaciones de origen como a las de destino. La ausencia de procesos participativos puede dar lugar a espacios ocupados con aparente estabilidad, pero que, a lo largo del tiempo, pueden tornarse expulsores constantes de migrantes. Estos desafíos se evidencian en los casos del Pueblo Nuevo de Parrita en la costa pacífica de Puntarenas, Costa Rica – donde las poblaciones expuestas a desastres y otros factores ambientales se han reasentado pero han quedado expuestas de nuevo a otros peligros ambientales, creando un ciclo de exposición al riesgo – o en los pueblos garífunas del norte de Honduras – que sufren inundaciones periódicas persistentes, y donde poblaciones han optado por la migración cuando las condiciones de reasentameinto no consiguen sustentar la reconstrucción del tejido social – entre otros.
Dada la variedad de circunstancias en las que la movilidad humana es o podría ser adoptada como estrategia de adaptación, será crucial observar los patrones ambientales en su contexto para desarrollar políticas que puedan responder a las diversas amenazas y vulnerabilidades, incluyendo aquellas que mantienen a los individuos en la imposibilidad de migrar. No obstante, debido a la complejidad de escenarios, la migración debe ser considerada como estrategia de adaptación de último recurso, procurando agotar otras estrategias que permitan a los individuos y poblaciones permanecer y mantener sus vínculos socio territoriales. Cuando esto no es posible, las personas optan por la migración, aún cuando están en situación de extrema vulnerabilidad (estrategia de sobrevivencia). Este escenario se verá agravado con la intensificación de los impactos del cambio climático.
El carácter sistémico de la movilidad humana vinculada a factores ambientales genera impactos que se reflejan en otros ámbitos y procesos, como la deforestación y la ocupación de zonas de riesgo en las ciudades, y terminan retroalimentando situaciones de degradación y afectación ambiental. Esto, a su vez, agrava la situación de vulnerabilidad y exposición a amenazas de los individuos y comunidades que usan y ocupan estos espacios, generando ciclos perversos de vulnerabilidad, afectación y desplazamiento. La ocurrencia de desastres y consecutivos procesos de movilidad (desplazamiento, migración y reubicación planificada), genera desgaste y ruptura de los vínculos socioeconómicos y territoriales que dan estructura a los individuos dentro de sus comunidades. Esto implica que la movilidad en sí constituye un impacto que puede afectar la dinámica de desarrollo de toda una colectividad.
Con relación al enfoque de género frente a los impactos ambientales en la migración, varios estudios (Ecodes, 2019 y Christian Aid e InspirAction, 2019) revelan un agravamiento de la situación de vulnerabilidad en la que ya se encuentran las mujeres y niñas en la región. La ocurrencia de desastres afecta en diferentes dimensiones la vida de las mujeres, expresándose, en muchos casos, en situaciones que reproducen la desigualdad de género, la violencia física, sexual y psicológica basada en género, y la exclusión. Las mujeres empleadas en la agricultura son más afectadas por la degradación ambiental (IPCC, 2019b).
Además, el género es un factor que determina el nivel de riesgo de los individuos por que los recursos dependen de las normas socioculturales (Ecodes, 2019). La división de los roles entre hombres y mujeres en las áreas rurales en esta región ha sido impactada por los efectos del cambio climático, incluyendo a nivel de la separación familiar, cuando uno de los miembros de los hogares emigra en busca de oportunidades de empleo y otros quedan expuestos a los mismos riesgos. Con relación a los niños y niñas, se observó a través de los estudios base, que en los últimos años la sequía ha causado el aumento del número de menores que viajan no acompañados, enfrentando todos los riesgos que la migración implica. Esto constituye un escenario preocupante dada la extrema vulnerabilidad de este grupo.
La movilidad humana en el contexto del cambio climático y desastres en las políticas migratorias, climáticas y de gestión de riesgo de desastres en Centroamérica El análisis de las políticas relacionadas con la migración, el cambio climático y la RRD en las organizaciones regionales y países que componen Centroamérica muestra que, progresivamente, el tema de la movilidad humana en el contexto de cambio climático pasa a ser integrado en las agendas migratorias, climáticas y de gestión de riesgo de desastres.
Sin embargo, en su gran mayoría, se trata de declaraciones amplias y genéricas que carecen del nivel de detalle y profundidad necesario. El creciente reconocimiento del tema no significa que soluciones efectivas hayan sido propuestas y/o implementadas.
El uso de políticas y prácticas existentes – como el empleo de categorías migratorias especiales – aplicadas para viabilizar la protección de las personas que se desplazan debido a las alteraciones inducidas por el clima ha sido recomendado por la Conferencia Regional sobre Migración (CRM). Además de la concesión de visados regularizando la situación de los individuos damnificados por el huracán Mitch en 1998, se constató la posibilidad de normalizar la situación de extranjeros a partir de consideraciones humanitarias en algunos de los países de la región.
En la agenda climática, los diversos elementos que subyacen a la noción de movilidad humana parecen ser frecuentemente utilizados como sinónimos. Las referencias a los impactos del cambio climático terminan siendo restringidas a eventos climáticos extremos, dejando de lado los procesos graduales. Se reitera que gran parte de las políticas analizadas en esa esfera de gobernanza antecede el Acuerdo de París de 2015, momento en que el tema de movilidad humana fue oficialmente incluido en el régimen climático internacional.
Menciones a la movilidad humana en las políticas regionales y nacionales que versan sobre la gestión del riesgo de desastre ocurren de forma secundaria entre los procedimientos que deben ser seguidos en caso de desastres. Las disposiciones establecidas por tales políticas se restringen al momento de la emergencia y, así, acaban no solo por desconsiderar el desplazamiento de personas durante todo el ciclo de desastre, sino además dejan de promover un abordaje preventivo del fenómeno. También, el papel desempeñado por los eventos de inicio lento como multiplicadores de amenazas es difícilmente reconocido en las políticas de RRD examinadas. Estos eventos pueden llevar a una sucesión de desastres y resultar en el desplazamiento de personas.
Finalmente, el enfoque de género y la necesidad de promover la protección integral de niños y niñas son frecuentemente identificados en las políticas regionales y nacionales.
Además de resaltar la mayor vulnerabilidad de mujeres y niños y niñas ante los impactos del cambio climático, estas políticas pretenden asegurar la participación inclusiva y no discriminatoria de tales grupos frente la inminencia de desastres ambientales – sin todavía disponer de medios efectivos para tales fines.

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