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El día para aprender una lección

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El Pais
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Este jueves 24 de enero se celebra por primera vez el Día Internacional de la Educación. Una ocasión para recordar que es la mejor manera de garantizar una vida digna

Este 24 de enero se celebra por primera vez el Día Internacional de la Educación. Resulta sorprendente que se haya esperado hasta 2019 para proclamar una conmemoración tan importante, pero también demuestra que el mundo está reconociendo por fin lo necesaria que es la educación.

Como organización centrada en los derechos de la infancia, desde Educo aplaudimos esta iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Compartimos la convicción de que, si bien la educación es un objetivo en sí, también es la mejor herramienta para garantizar el ejercicio de los derechos, el bienestar y una vida digna.

75 millones de niños y jóvenes en edad escolar necesitan apoyo educativo en países en situación de conflicto o de extrema violencia. Es decir, se encuentran en peligro de perder el acceso a su formación si no lo han perdido ya. Esto se debe en gran medida a que la educación suele ser históricamente el área que recibe menos financiación en ayuda humanitaria, con menos de 3% del presupuesto global.

Sin embargo, observamos una tendencia creciente de ataques violentos contra la educación por razones políticas, militares e ideológicas, entre otras. El derecho de la infancia a una formación, independientemente del lugar donde se encuentra o de su identidad, está siendo fundamentalmente ignorado. Hay que poner fin a esta situación.

Una infancia dura 18 años, mientras que la mayoría de las crisis tardan por lo menos 20 en resolverse. Es terrible pensar en los bebés que nacen hoy en una crisis prolongada; puede que no reciban ninguna educación o, en el mejor de los casos, accedan solo a la formación básica o de forma discontinua.

La educación en emergencias es de suma importancia ya que los niños fuera del sistema educativo son más vulnerables a la violencia sexual y de género, al extremismo violento, matrimonios forzados, embarazos precoces, trabajo infantil y reclutamiento por parte de grupos armados. El acceso limitado dificulta, además, la recuperación de un menor tras una crisis. Esta falta de oportunidades en situaciones de conflicto conduce muy a menudo a perpetuar el ciclo de pobreza.

Muchos de los responsables políticos lo saben. Pero, pese a que muchos Gobiernos firmaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas en 2015, en los últimos años no ha habido un progreso tangible en relación con la educación. Además, históricamente, ha sido pasada por alto en situaciones de emergencia humanitaria.

El mandato humanitario de las organizaciones como la nuestra es el de proteger, apoyar y asistir a las personas más vulnerables, especialmente los niños, para garantizar su derecho a la vida y a la seguridad, a la dignidad y una cobertura integral de sus derechos y necesidades frente a situaciones de riesgo y de emergencia humanitaria. Para ello, el acceso a la educación es fundamental. Y por eso tiene que estar en el centro de la acción humanitaria. De lo contrario, los Gobiernos seguirán fallando a millones de niños en riesgo.

Casi la mitad de los refugiados en edad escolar no asiste a la escuela. A ellos, así como a los que se encuentran en situación de desplazamiento forzado, se les debe garantizar una educación de calidad en igualdad de condiciones con los demás. Aportar financiación y medidas específicas para los que se encuentran en esta situación, tanto si son migrantes o refugiados, tiene que ser una prioridad global.

En El Salvador, por ejemplo, Educo lleva a cabo un proyecto en seis áreas del país donde hay una situación de violencia prolongada. Su objetivo es proteger a la infancia del desplazamiento forzado debido a la crisis, que en gran medida ha sido olvidada por la comunidad internacional. El proyecto ofrece asistencia y protección a niños, niñas y sus familias, apoyándoles en términos de vivienda, comida e higiene, además de asistencia psicosocial. Todo este trabajo va acompañado del objetivo del proyecto, que es asegurar que los pequeños no abandonen el sistema escolar y, si ya lo han hecho, reintegrarlos.

Es alentador ver que algunos gobiernos e instituciones por fin reconocen la necesidad de centrarse en la educación en situaciones de emergencia. Si los países que acordaron los ODS quieren realmente alcanzarlos y cumplir con la agenda Educación 2030, tendrán que ejercer una mayor presión sobre sus mandatarios. Necesitamos que los niños tengan la oportunidad de aprender cada día y no ser los grandes olvidados.